La política en Necochea en los últimos tiempos ha dejado mucho que desear, en especial a lo que hace a una oposición que no ha podido adaptar la agenda nacional a las demandas locales de los necochenses, una carencia de liderazgos y el incasable esfuerzo porque no exista alguno.

“La unidad del peronismo en Necochea se puede dar a través de un milagro”, fue el título que regaló para toda la comunidad la Secretaría Administrativa del Concejo Deliberante y militante del Frente de Todos, Silvia Jensen. Una de las dirigentes más castigadas, si los hay, por parte del internismo kirchnerista. Esta definición no es casual y habla de una falta de una descoordinación total no sólo de el kirchnerismo sino de todo el arco opositor al gobierno de Arturo Rojas.

Pero, ¿por qué? En cierta forma, no hay posibilidad de unidad porque no hay un liderazgo claro para este tiempo político ni de JxC, ni del FdT en Necochea, y es cierto que Rojas esta ocupando ese rol de caudillo de Necochea que se encontraba vacante, no sólo por mérito propio sino también incapacidad de los dirigentes opositores.

Michael Foucault, el gran pensador francés de la modernidad sostenía que el poder no es algo que se obtiene (teléfono para los buscadores de fierros) sino es más bien una estrategia, el ejercicio de una agenda consensuada. La diferencia es que la única agenda de la oposición es criticar, marchar y dar cátedra sobre aquello que cuando fueron gobierno destruyeron, por ejemplo: la salud, ¿Qué hicieron los López para mejorar el sistema de salud? O ¿Qué pasó con la salud hace 4 años?

Las posibilidades estratégicas de la oposición en eso quedan, en ser una patota de choque que confunde poder con fuerza. El problema no es solo la unidad del peronismo, el problema es que no existe una oposición que se de cuenta ni de donde viene ni donde está porque no saben a donde ir.

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