La vuelta de Guillermo Montenegro a la intendencia de General Pueyrredón comenzó a cristalizarse en los papeles, pero en la práctica se transformó en un cambalache institucional. Este lunes, el dirigente formalizó su salida al remitir una nota dirigida a la presidenta del Senado, Verónica Magario. En el documento fechado hoy, 5 de octubre de 2026, Montenegro solicita que se le conceda una “licencia extraordinaria” (la misma que solicitó en diciembre el libertario Diego Valenzuela) amparándose en el reglamento interno, con el objetivo explícito de “reasumir el ejercicio del cargo de Intendente Municipal”.
El trámite formal indica que el pedido de licencia se tratará este martes por la tarde en la sesión ordinaria de la Cámara Alta. De aprobarse, inmediatamente después prestará juramento su reemplazante, la tandilense María Luján Fiego. Sin embargo, los tiempos de la política y de la burocracia no coincidieron, y la transición quedó envuelta en una marcada desprolijidad.
Sin esperar el aval del Senado, Montenegro asumió la intendencia prácticamente de hecho. Durante la mañana de este lunes, participó en Mar del Plata del acto oficial por los 100 años de la Base Naval, presentándose y actuando con el traje de jefe comunal.
El dato político de la jornada costera fue la ausencia total de Agustín Neme, quien hasta hoy ejerce formalmente como intendente interino. Según dejaron trascender desde el entorno local, Neme quedó fuertemente golpeado por el repentino operativo retorno de Montenegro y por estas horas evalúa no retomar su banca en el Concejo Deliberante, masticando bronca por las formas y el destrato en el enroque.
Pero la anomalía institucional no terminó en el acto naval. Mientras operaba como intendente en su “pago chico”, Montenegro se conectó de manera remota a la reunión de la comisión de Legislación General del Senado, presidida por el legislador kicillofista Germán Lago. Esta doble función en un mismo día —ejerciendo como senador y como intendente en simultáneo— generó fuerte ruido y trajo a la memoria inmediata la situación vivida este mismo año por el senador libertario Diego Valenzuela, quien atravesó una desprolijidad idéntica al cruzar funciones ejecutivas y legislativas, cortando la licencia sin que el cuerpo lo apruebe dado que no hubo sesiones por un largo tiempo, todo con la anuencia de Magario.
Mientras Montenegro desdoblaba su agenda, en los pasillos de la Legislatura la negociación por su banca alcanzó un punto de ebullición. El documento presentado hoy habla estrictamente de una “licencia”, pero La Libertad Avanza no está dispuesta a regalarle una salida elegante al PRO.
Con la llegada de Fiego, el bloque libertario pasa a tener 11 senadores y busca hacer valer ese nuevo peso específico. La postura de LLA, que se negocia contrarreloj con el peronismo, es exigir que no se apruebe la licencia y se lo obligue a Montenegro a presentar la renuncia definitiva a su banca.
Si el peronismo y los restos del bloque PRO logran blindar el pedido de licencia y frenan la exigencia libertaria, el bloque de Sebastián Pareja ya tiene lista la represalia. Argumentando su volumen político, los libertarios pedirán formalmente quedarse con la vicepresidencia segunda de la Cámara, un sillón clave en la línea sucesoria que hoy está en manos de la senadora Ayelén Durán, referente de La Cámpora y del riñón más puro del kicillofismo.