jueves 20 de agosto de 2026 - Edición Nº766

NECOCHEA | 20 ago 2026

Una inversión privada que vuelve a poner a la pesca en el horizonte de Puerto Quequén

07:43 |El Complejo Industrial Pesquero Sociedad Anónima (CIPSA) ya comenzó a tomar forma sobre la margen Necochea del río Quequén. El proyecto, impulsado por el grupo empresario integrado por Manumar y el astillero Aloncar, contempla una inversión superior a los 7 millones de dólares y una concesión por 30 años. La primera etapa incluye la construcción de 220 metros de muelle y apunta a recuperar actividad pesquera y generar nuevas oportunidades de trabajo


Después de años de estudios, trámites y expectativas postergadas, una inversión privada comienza finalmente a transformar un sector de la margen Necochea del río Quequén, en un sector portuario. El proyecto del Complejo Industrial Pesquero Sociedad Anónima (CIPSA), impulsado por el grupo empresario integrado por Manumar y el astillero Aloncar, ya inició su etapa de obra y busca convertirse en un nuevo punto de actividad para la pesca y los servicios vinculados con la navegación.

El emprendimiento se desarrolla a partir de una concesión otorgada por el Consorcio de Gestión del Puerto de Quequén por un plazo de 30 años. El espacio comprende terrenos ubicados desde el sector del ex Puente Escurra hasta la zona de la banquina, siempre sobre la margen Necochea del río -parea portuaria-, e incluye distintos sectores destinados a muelle, varadero y futuras instalaciones.

El empresario e ingeniero Hugo Obregozo, titular de Aloncar e integrante de Manumar, reconoció que el comienzo de los trabajos llega después de un proceso mucho más extenso de lo que había imaginado cuando se puso en marcha el proyecto.

“Subestimé todo lo que era el estudio técnico, el estudio de impacto ambiental y la presentación de toda la documentación”, explicó durante una entrevista en Voces de la Tarde que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea 97.3. La particularidad de trabajar sobre un espacio público concesionado obligó a cumplir con una serie de exigencias y procedimientos que, según admitió, terminaron extendiendo los tiempos.

Los estudios técnicos fueron realizados con profesionales y empresas especializadas de otras ciudades, mientras que distintas tareas complementarias quedaron a cargo de trabajadores y empresas locales. Una vez completada y aprobada esa etapa, finalmente pudieron comenzar los trabajos.

La obra contempla inicialmente la construcción de un muelle de aproximadamente 220 metros, que se sumará a los 130 metros correspondientes al actual muelle pesquero. El proyecto prevé además unos 100 metros destinados a un futuro varadero y otros 100 metros correspondientes a terrenos de propiedad privada del grupo empresario. En conjunto, el desarrollo proyecta unos 600 metros de frente sobre el río.

La inversión total supera los 7 millones de dólares y se realizará por etapas. La mayor parte de los recursos se concentra en esta primera fase, particularmente en el tablestacado y la construcción del muelle. Posteriormente deberán incorporarse cámaras, equipamiento, maquinarias, pavimentación y otras instalaciones necesarias para prestar servicios a los buques.

La apuesta tiene un objetivo concreto: generar infraestructura para que puedan llegar embarcaciones pesqueras y, a partir de allí, desarrollar una cadena de servicios y actividad económica alrededor de ellas.

“Si yo tengo un muelle, pueden venir barcos, y si viene un barco, trae trabajo”, sintetizó Obregozo.
El empresario admitió, sin embargo, que el principal desafío será conseguir esos clientes. A diferencia de la actividad agroexportadora, que cuenta con una carga cautiva proveniente de su amplio hinterland, la pesca requiere salir a buscar las embarcaciones. La demora en la concreción del proyecto, reconoció, ya provocó la pérdida de oportunidades comerciales.

Entre los casos mencionó al Grupo San Isidro, una empresa con unos 1.500 empleados que finalmente decidió radicarse en otro puerto, y también a empresarios extranjeros que habían mostrado interés en el proyecto, pero desistieron ante la falta de avances.

“Yo no sé si estoy haciendo un muelle o mi tumba. No lo sé, pero si es mi tumba, me juego”, expresó Obregozso, al remarcar que se trata de una inversión íntegramente privada, asumida a riesgo del grupo empresario y sin aportes del Consorcio de Gestión del Puerto de Quequén.
La concesión establece que, una vez cumplidos los 30 años, las instalaciones pasarán al Estado. Por eso, el empresario definió el proyecto como una apuesta de largo plazo y manifestó su deseo de alcanzar a ver el complejo funcionando con barcos pesqueros amarrados en el muelle.

El emprendimiento también contempla la posibilidad de desarrollar un centro de capacitación en terrenos propios ubicados sobre el río. La formación de recursos humanos aparece como uno de los desafíos centrales para acompañar el crecimiento de una actividad que, según Hugo Obregozo, puede abrir oportunidades para jóvenes de la ciudad.

El empresario puso el acento en la necesidad de diversificar la economía local. Consideró que una mayor presencia de la pesca permitiría complementar el movimiento agroexportador de Puerto Quequén y reducir la dependencia de una única actividad económica.
“La diversificación hace que el común de la gente no sufra tanto esos vaivenes cuando hay una crisis en un sector”, explicó.

La recuperación de la pesca en el distrito tiene, además, un componente histórico. Obregozo recordó que durante décadas Necochea tuvo una actividad pesquera mucho más significativa, con numerosas embarcaciones operando desde la costa. Con el paso del tiempo, buena parte de esa actividad desapareció y varias empresas terminaron trasladándose a Mar del Plata.

En ese contexto, CIPSA busca recuperar una porción de aquella tradición, aunque adaptada a las condiciones actuales. El empresario explicó que la pesca se ha industrializado y que las exigencias sanitarias, de seguridad y de conservación de la mercadería modificaron completamente la operatoria portuaria.

El acceso al futuro complejo tampoco será abierto al público como ocurría décadas atrás. Los puertos modernos están sometidos a protocolos internacionales de seguridad y control, particularmente por tratarse de nodos vinculados con el comercio exterior.

Mientras tanto, Aloncar mantiene su propia actividad. El astillero conserva entre 60 y 70 trabajadores y atraviesa una etapa de menor inversión de los armadores, aunque logró sostener su nivel de empleo mediante nuevas estrategias. Para septiembre está prevista la botadura de una nueva embarcación y existen contratos en negociación para el año próximo.

La experiencia del astillero también alimentó la nueva apuesta portuaria: adaptar embarcaciones existentes a las nuevas exigencias, en lugar de construir siempre unidades nuevas, permitió ofrecer alternativas de menor costo y mantener actividad en un contexto complejo.

Hugo Obregozo sabe que el proyecto CIPSA todavía tiene desafíos por delante, entre ellos cuestiones vinculadas con el calado en determinados sectores del río. Pero también sostiene que existen alternativas para resolverlas mediante nuevas inversiones privadas.

Después de años de promesas y de preguntas sobre cuándo comenzaría finalmente la obra, el empresario reconoce que ahora el escenario cambió: “Ya arrancó”.

Y detrás de esa frase aparece una apuesta que trasciende la construcción de un muelle. Es el intento de volver a poner a la pesca en el mapa productivo de Necochea, diversificar la actividad económica y recuperar para el río Quequén una función que alguna vez tuvo y que, según Obregozo, todavía puede volver a tener.

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