En un raid mediático que mezcló la contabilidad creativa con la épica bíblica, el presidente Javier Milei se dedicó este fin de semana a construir un relato de victimización apuntalado por cifras que desafían cualquier registro técnico previo. Según la visión del mandatario, su gestión no solo enfrenta la “peor herencia de la historia”, sino un asedio coordinado entre la política tradicional, los medios de comunicación y lo que denomina “empresaurios”, quienes habrían intentado derrocarlo mediante maniobras financieras de escala planetaria.
La excéntrica estrategia de defensa del Presidente fue ensayada en la pantalla de La Nación, al fin de una semana en el que incluso viejos aliados políticos pusieron en duda su salud mental. La vicepresidenta Victoria Villarruel, sin ir más lejos, expresó su preocupación por el estado mental del presidente Javier Milei, por sus “persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior”.
Para justificar por qué la inflación aún no llega al ansiado “cero coma”, Javier Milei desplegó una serie de números que harían palidecer a cualquier manual de macroeconomía. El Presidente denunció que, tras su victoria electoral, sufrió un “ataque furioso desde la política” que incluyó la presentación de 40 proyectos de ley diseñados exclusivamente para romper el equilibrio fiscal.
Pero el dato más llamativo fue el de la resistencia financiera. Milei afirmó haber soportado una corrida cambiaria por el equivalente a 70.000 millones de dólares, una cifra que supera largamente incluso el préstamo histórico del FMI a la gestión de Mauricio Macri. “¿En qué contexto de la historia usted vio que un país pueda resistir semejante ataque? Nunca. Ni en Argentina ni en el mundo”, sentenció, colocándose en un lugar de invulnerabilidad casi mística frente a lo que también calificó como “actos terroristas en la calle” y siete intentos de juicio político.
Consciente de las críticas sobre su salud mental, incluso citando “preocupaciones” de la vicepresidenta Victoria Villarruel, el mandatario optó por una defensa pragmática: “La diferencia entre un genio y un loco son los resultados”. En ese sentido, Milei aseguró que “antes eran promesas, ahora son datos” y exhibió su propio balance de gestión, donde sostiene haber sacado a 14 millones de personas de la pobreza en apenas siete meses.
Según sus registros, la pobreza cayó del 57% al 29%, mientras que la indigencia se desplomó del 20% al 6%. Estas cifras, que no encuentran correlato en las mediciones de consumo masivo o actividad industrial que él mismo reconoce como “golpeadas”, le sirven para reafirmar su cordura ante la opinión pública: “Cuando me dijeron que estaba loco por querer hacer equilibrio fiscal en un mes, lo hice”.
En un ejercicio de honestidad brutal, el jefe de Estado no negó su carácter vehemente ni su gestualidad agresiva, que incluso algunos analistas señalan como un factor de alejamiento del voto femenino. “Tengo formas horribles, ¿sabe qué? Sí, tengo formas horribles, pero ¿sabe qué? Tengo resultados”, lanzó como remate a quienes critican su estilo.
Para Javier Milei, anteponer las “formas” sobre la “honestidad” es lo que llevó a la Argentina a la decadencia. Bajo este paradigma, el Presidente confirmó que no planea cambiar su tono ni su estrategia, incluso si eso implica llamar “comunista” al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, o “ladrón y presidiario” a su par brasileño, Lula da Silva. “Voy a morir con las botas puestas haciendo lo que corresponde”, concluyó, reafirmando que su único competidor es él mismo y su propio legado histórico.