La situación económica actual sigue golpeando con dureza a los comercios de proximidad en todo el país. En una radiografía cruda sobre el sector, Adrián, vicepresidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), describió un panorama de estancamiento y supervivencia marcado por la caída del consumo y el impacto desmedido de los costos fijos.
En diálogo con INFOCIELO, el referente del sector advirtió sobre la delicada situación que atraviesan los dueños de kioscos y almacenes, quienes deben enfrentar gastos que superan su rentabilidad diaria. “Hoy en la actualidad, en el mes de junio y julio, el aumento de las tarifas de luz es más caro que un alquiler de un comercio”, sentenció con preocupación.
El incremento en el costo de la energía eléctrica forzó a los comerciantes a tomar medidas drásticas para evitar el cierre definitivo. Según explicó, muchos han optado por desenchufar equipos de frío durante los meses de invierno. “Muchos kiosqueros y almaceneros han desenchufado heladeras y freezers porque es más cara la tarifa eléctrica que los productos que llevan, y que no dejan rentabilidad”, detalló. Esta decisión implica dejar de vender ciertos productos para intentar mantener un solo consumo eléctrico destinado a lo esencial, como lácteos o bebidas básicas.
La crisis también ha provocado un desplazamiento geográfico de los comercios. Muchos locales situados en avenidas principales han tenido que mudarse a calles laterales o incluso trasladarse a las periferias para abaratar costos. En los casos más extremos, los comerciantes han retrocedido al modelo de “kiosco ventana” o “kiosco de la casa” para eliminar el gasto de un alquiler externo.
El bolsillo del consumidor también dicta una nueva y magra realidad. La entrevista revela que las familias ya no realizan compras mensuales ni semanales, sino que viven el “día a día”.
“Hoy está costando por el tema de los aumentos de precio… tenemos el hábito de comprar la comida del día”, señaló el dirigente. Un dato alarmante es el cambio en la dieta de los trabajadores: mientras antes era común la compra de sándwiches o empanadas al mediodía, hoy la opción es mucho más precaria. “Hoy lamentablemente compran galletitas, compran todas las ofertas que hay para estirar o engañar al estómago para llegar a su casa a la noche y poder comer en familia”, relató.
Desde el sector cuestionan que las cifras oficiales de inflación reflejen lo que sucede en el mostrador. Adrián afirmó que el verdadero termómetro económico está en los barrios: “Nosotros siempre decimos que el INDEC es el kiosquero y el almacenero, porque sabe cómo está la economía de cada vecino”.
A pesar de una leve desaceleración en el ritmo de aumentos respecto al primer trimestre, el consumo no repunta. “De enero a mayo veníamos con un fuerte crecimiento en los aumentos de precio… eso generaba un estancamiento en las ventas”, recordó. Actualmente, el sector se encuentra en una “meseta económica” que estiman se extenderá al menos hasta septiembre, cuando el calor impulse la venta de bebidas y golosinas.
La preocupación no solo radica en las ventas, sino en la competencia desleal y la falta de apoyo estatal. En ese sentido, mencionó que el ingreso de productos extranjeros, como golosinas de China o España, está perjudicando a las PYMES nacionales.
“No vemos una iniciativa del Estado nacional para el consumo interno”, criticó, señalando que las políticas actuales parecen enfocadas exclusivamente en sectores como la minería y el petróleo, sin derramar beneficios en el comercio minorista. “No se ve un cambio de rumbo ni siquiera desde la palabra ni la intención”, concluyó el vicepresidente de UKRA, quien advirtió que la falta de paritarias alentadoras y el aumento en el costo de vida de los jubilados terminan por asfixiar el consumo en los barrios.