El timing no parece haber sido casual. A horas de la derrota argentina ante España y en pleno vendaval de memes, acusaciones y polémica internacional por la sábana de Malvinas, el diputado bonaerense libertario Agustín Romo encontró la ventana perfecta para reflotar un viejo caballito de batalla: cobrarles la salud y la universidad pública a los extranjeros.
Lo lanzó primero en Twitter, con la bronca del Mundial todavía caliente, antes incluso de que el proyecto tomara estado parlamentario formal en la Cámara de Diputados bonaerense.
El proyecto lleva también la firma de otros 18 legisladores, entre ellos varios libertarios con perfil de línea dura como Nahuel Sotelo, Juan Osaba y Geraldine Calvella, además del diputado del PRO Alejandro Rabinovich, que suma al bloque amarillo a la iniciativa. Completan la lista María Fernanda Coitinho, Pablo Morillo, Mariela Vitale, Francisco Adorni, Oriana Colugnatti, Gastón Abonjo, Analía Corvino, Luis Ontiveros, Sofía Pomponio, Ramón Vera Chávez, Carla Pannelli, Héctor Gay, Maximiliano Bondarenko y Florencia Retamoso. La cantidad de firmas (lejos del gesto de un legislador aislado) muestra que el steam discursivo de Romo en redes no fue un exabrupto propio, sino que contó con el respaldo silencioso de buena parte de su bloque y de aliados del PRO, que dejaron que la cara visible y polémica del proyecto la pusiera él solo.
Según el Artículo 20 de la Constitución Argentina, todos los extranjeros gozan de los mismos derechos civiles que los ciudadanos argentinos, incluyendo el derecho a ejercer su industria, comercio y profesión, poseer bienes raíces, y casarse. pic.twitter.com/1D54jwByin
— Mkl Cl🇭🇹🇦🇷 (@Anacanao1) July 21, 2026
Más allá del faltazo de estilo, el texto tiene entidad legislativa real. Establece que los extranjeros sin residencia permanente deberán cubrir las prestaciones sanitarias mediante seguro médico, un tercero obligado o pago directo, canalizado a través del ya existente Sistema de Atención Médica Organizada (S.A.M.O.).
Aclara (previendo el escándalo mediático fácil) que en casos de urgencia con riesgo de vida “ninguna persona podrá ser rechazada, demorada ni condicionada”, y que el cobro se tramita recién una vez estabilizado el paciente.
También exceptúa a las víctimas de trata y a las prestaciones de prevención, como la vacunación. Los fondos recaudados irían al Fondo Provincial de Salud del S.A.M.O., destinados a insumos y obras de infraestructura hospitalaria.
En el plano universitario, la iniciativa no roza a la UNLP ni a otras casas de estudio nacionales (tampoco a la UTN), porque son de jurisdicción federal y el proyecto es estrictamente provincial: alcanzaría solo a la Universidad Provincial del Sudoeste y a la Universidad de Ezeiza, dejando “en offside” buena parte del argumento de fondo.
Si se llegara a aprobar, el Poder Ejecutivo provincial tendría 90 días para reglamentarla y ambos sectores deberían publicar anualmente cuántas prestaciones y estudiantes quedan alcanzados, montos facturados y destino de los recursos.
El propio Romo, además de sus 19 cofirmantes entre La Libertad Avanza y el PRO, se encargó de que nadie leyera el articulado antes que su costado más ríspido. En X planteó que había extranjeros que “estudian gratis” y “se atienden gratis” mientras, según su lectura, “odian a la Argentina”.

Y no fue su única utilización del clima social del momento post mundial: en otra declaración pública fue más lejos todavía, exigiendo directamente “échenlos a todos” a quienes no completen sus estudios en el país.
Ahí está el costado más torpe de la jugada. Mientras afuera se instalaba la idea de una Argentina excluyente por el episodio de Malvinas y la campaña en redes que involucra a usuarios de todo el mundo, Romo salió a confirmar el prejuicio con una iniciativa que, en los hechos, condiciona derechos básicos según nacionalidad y estado migratorio.
En los fundamentos del proyecto se sostiene que la salud y la educación pública “se sostienen con el esfuerzo de los contribuyentes” bonaerenses, un argumento fiscal legítimo en el papel, pero que Romo se encargó de teñir de otra cosa con su propia verborragia en redes.

No hizo falta que ningún medio inglés inventara nada: el propio legislador le puso letra a la caricatura. Cualquier corresponsal buscando pruebas de que la reacción post Mundial escondía un trasfondo xenófobo la tuvo servida en bandeja, con nombre y apellido de diputado bonaerense incluido.
Romo puede argumentar que defiende al bonaerense de a pie y que el proyecto tiene salvaguardas técnicas serias. Pero cuando el propio autor elige presentarlo con insultos y en medio del peor clima posible, la lectura que circula puertas afuera ya no distingue entre el articulado y el exabrupto, porque “para el mundo”, es la misma Argentina.