La despedida de Carlos Alberto “Indio” Solari volvió a demostrar la dimensión popular de un artista que marcó a varias generaciones de argentinos. Bajo la lluvia, soportando el frío y durante más de 18 horas ininterrumpidas, miles de seguidores se acercaron al Microestadio Gatica de Villa Domínico para rendir homenaje al músico fallecido el pasado viernes a los 77 años.
Desde las primeras horas del domingo, una verdadera marea de fanáticos comenzó a llegar al predio ubicado en Avellaneda. La convocatoria fue tan masiva que la fila para ingresar alcanzó una extensión cercana a los ocho kilómetros, llegando prácticamente hasta los límites con la Ciudad de Buenos Aires.
La familia del artista había decidido mantener abiertas las puertas "hasta que haga falta, para que nadie pierda su oportunidad de decirle adiós". Y así fue. Durante toda la jornada y buena parte de la madrugada, el incesante desfile de seguidores no se detuvo.
Muchos llegaron con banderas, remeras, flores y discos. Otros simplemente caminaron durante horas para pasar unos segundos frente al féretro de quien fue la voz de una de las bandas más influyentes de la historia del rock argentino.
La lluvia, el viento y las bajas temperaturas no lograron frenar la despedida. Como ocurrió durante décadas en los recitales ricoteros, miles de personas volvieron a reunirse alrededor de una figura que trascendió la música para convertirse en un fenómeno cultural único.
Las puertas del Microestadio Gatica se cerraron pasadas las 4 de la madrugada del lunes. Dos horas después, el Ministerio de Seguridad bonaerense confirmó oficialmente el final de la ceremonia pública, luego de que los últimos seguidores abandonaran el lugar.
La muerte del Indio Solari, ocurrida el viernes en su domicilio de Parque Leloir a causa de un accidente cerebrovascular (ACV), provocó una profunda conmoción en el mundo de la música y entre millones de seguidores que encontraron en sus canciones una forma de interpretar la realidad.
Con el cierre del velorio terminó una despedida histórica, pero también quedó en evidencia una vez más el vínculo inquebrantable que el ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota construyó con su público.
Porque si algo quedó claro durante esas 18 horas de vigilia, bajo la lluvia y el frío, es que para miles de argentinos el Indio Solari no fue solamente un músico. Fue una voz, una bandera y una parte fundamental de sus vidas.