La frase rápidamente generó repercusiones políticas y sociales, sobre todo porque se da en un contexto donde continúan los reclamos por caída del consumo, pérdida del poder adquisitivo, cierre de comercios y dificultades para llegar a fin de mes en distintos sectores del país.
El planteo de Caputo reabre una pregunta que atraviesa hoy gran parte de la discusión pública: ¿la crisis económica realmente se está terminando o existe una desconexión cada vez mayor entre los números macroeconómicos y la vida cotidiana?
Desde el Gobierno nacional insisten en que la economía comenzó una etapa de recuperación, apoyándose en algunos indicadores vinculados a la desaceleración de la inflación, estabilidad cambiaria y ciertos sectores de actividad que muestran crecimiento.
Sin embargo, distintos informes, gremios y sectores productivos vienen alertando sobre otra cara del escenario económico. En las últimas semanas crecieron las advertencias sobre caída del consumo, problemas en pequeñas empresas, despidos y dificultades para sostener salarios frente al costo de vida.
Incluso dentro del mundo empresarial comenzaron a aparecer señales de preocupación sobre la evolución del modelo económico y el impacto social del ajuste.
La discusión también atraviesa a las ciudades del interior, donde muchos municipios vienen advirtiendo sobre una fuerte retracción económica, caída de recursos y mayores demandas sociales. En distritos como Necochea, comerciantes y sectores vinculados al turismo y la producción reconocen que el movimiento económico sigue lejos de mostrar una recuperación consolidada.
Mientras tanto, desde el oficialismo sostienen que gran parte de las críticas responden a sectores políticos y mediáticos que buscan instalar un clima negativo sobre la gestión de Javier Milei.
La polémica vuelve a dejar en evidencia una Argentina partida entre los indicadores económicos que exhibe el Gobierno y la percepción cotidiana de una parte importante de la sociedad que todavía siente el peso de la recesión en el bolsillo.