La polémica por la llamada “cascada” —una de las obras en la vivienda del funcionario que quedó bajo sospecha— reavivó el conflicto y volvió a poner al Gobierno nacional en el centro de las críticas. Según trascendió, el caso se inscribe en una investigación más amplia sobre presuntos gastos sin justificar y movimientos financieros poco claros vinculados a Adorni.
En ese escenario, Kicillof aprovechó para diferenciarse y cuestionar el discurso oficial. El mandatario provincial no solo apuntó contra el funcionario, sino que vinculó directamente la situación con la figura presidencial, sugiriendo que el problema excede a una persona y alcanza al núcleo del Gobierno.
Mientras tanto, desde la Casa Rosada, Milei volvió a respaldar públicamente a su jefe de Gabinete, incluso en medio del revuelo mediático y político. El Presidente participó de actividades junto a Adorni y desestimó las acusaciones, calificándolas como parte de una operación en su contra.
La disputa no es menor: el caso impacta de lleno en la narrativa oficial de transparencia y austeridad. A su vez, le ofrece a la oposición —con Kicillof como uno de sus principales referentes— una oportunidad para reposicionarse y marcar contraste de cara al escenario político que se viene.
Así, lo que comenzó como una controversia puntual terminó escalando en una discusión más amplia, donde se mezclan denuncias, posicionamientos electorales y una creciente tensión entre Nación y Provincia.