La escala principal será en Los Ángeles, donde el mandatario tiene previsto participar del foro del Instituto Milken. Allí expondrá nuevamente sobre su programa económico y buscará seducir a inversores, una meta que el Gobierno repite en cada salida al exterior pero que, hasta ahora, no se tradujo en anuncios concretos de impacto inmediato.
La comitiva es reducida pero de máxima confianza: lo acompañan su hermana y secretaria general, Karina Milei, además de funcionarios del área económica y diplomática. La agenda, en tanto, se concentra en reuniones con empresarios y referentes financieros, en línea con la estrategia oficial de posicionar a la Argentina como destino de capitales.
Sin embargo, el viaje vuelve a abrir interrogantes. A pesar de la insistencia en captar inversiones, los resultados tangibles siguen siendo difusos, mientras en el frente interno persisten la caída del consumo, la incertidumbre laboral y el ajuste fiscal. En ese contexto, la frecuencia de las giras internacionales empieza a ser leída por la oposición como una desconexión con la realidad local.
El paso por Estados Unidos será breve —apenas unos días—, pero suficiente para reforzar una imagen que ya se consolidó en estos meses: la de un presidente más cómodo en los foros globales que en la gestión cotidiana de los problemas domésticos. Una apuesta que, por ahora, genera más expectativas que resultados visibles.