La jornada de homenaje al Papa Francisco dejó este martes una secuencia que sumó un nuevo capítulo a las tensiones internas dentro del oficialismo libertario, con la ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel en el acto central de la Basílica de Luján y una posterior aparición pública que derivó en una declaración con fuerte contenido político.
El evento principal se desarrolló en la Basílica de Nuestra Señora de Luján, donde se realizó una misa por el primer aniversario de la muerte del Sumo Pontífice. Allí estuvieron presentes representantes del oficialismo y de la oposición en una postal inusual de convivencia institucional, pero sin la presencia de Villarruel, uno de los nombres más sensibles dentro de la interna del espacio que conduce el presidente Javier Milei.
Mientras en Luján se desarrollaba el homenaje central, la vicepresidenta optó por asistir a la Basílica María Auxiliadora, donde participó de una ceremonia paralela. Finalizado el acto, dejó definiciones que rápidamente escalaron en el plano político interno y que volvieron a exponer su distancia con sectores del oficialismo.
“Me pareció que la ceremonia tenía un contenido que no era el del recuerdo al Papa propiamente dicho, era una ceremonia en la que estaba la casta política, lo peor de la casta política”, expresó Villarruel, en una frase que resonó con fuerza tanto por su contenido como por el contexto en el que fue pronunciada.
Consultada de manera indirecta sobre la presencia del gabinete nacional, evitó puntualizar nombres: “No quiero puntualizar, estaba la casta política y yo en eso soy coherente con mis creencias. Soy católica, vengo a misa y quiero estar entre mis compatriotas recordando al gran hombre que fue el Papa Francisco”, agregó.
La ausencia en Luján y sus críticas posteriores vuelven a poner en evidencia el distanciamiento entre Villarruel y el núcleo duro del Gobierno nacional. Hace ya tiempo que su presencia en la agenda oficial viene mostrando cada vez más señales de autonomía, en un vínculo con la cúpula libertaria que aparece cada vez más tensionado. Las diferencias, que antes se leían en clave interna, empiezan a hacerse visibles también en actos públicos y escenarios de alto perfil simbólico.