Thorben es un nombre escandinavo, viene directo de los vikingos y remite al dios del trueno, popularizado primero en el comic y luego en el cine como el superhéroe rubio y fornido “Thor” que lucha contra los malos martillo en mano.
Tal vez por esa connotación épica, así bautizaron en Holanda a un velero de 15 metros de largo, hecho de acero en el año 2011. La embarcación nació para cruzar océanos, como los vikingos, y eso es exactamente lo que hizo. Dicha embarcación también tuvo al menos a 4 necochenses implicados en el traslado de la droga, tres de los cuales ahora iban a repetir el movimiento con el «Quo Vadis», Pereyra, Goñi y Fabricius.
Entre el 15 de febrero -cuando salió del puerto de Salvador de Bahía en Brasil- y el 14 de abril de 2020 -día en el que amarró en el hermoso puerto de Bajadilla, en la ciudad de Marbella, España- el Thorben cruzó el Atlántico con cuatro argentinos (casi todos de Necochea) y 1500 kilos de cocaína.
La droga fue secuestrada por la Policía Nacional española apenas unos días después en la localidad marbellí de San Pedro Alcántara. La cocaína había sido acondicionada en un auto con un compartimento secreto y en el departamento allanado se encontraron las bolsas de arpillera en las que el cargamento había encarado el océano.
El operativo -ordenado por el juzgado N° 3 de Marbella- se bautizó “Operación Cantera” y un año después llevó a la detención de un empresario argentino: Gustavo Marano Fuentes (49), dueño de dos restaurantes (uno en Marbella y otro en Madrid). Ambos locales se llaman “Tango” y suelen ser posta obligada para las estrellas de fútbol argentinas que andan por esos rumbos.
El pasado jueves Marano Fuentes -que en España fue excarcelado- y otro empresario argentino radicado en Marbella, Darío Damián Pereyra Torres (48), terminaron con órdenes de captura expedidas por el juez federal Luis Armella.
La acusación contra ellos: ser los cerebros detrás de la tonelada y media de cocaína que el 13 de junio pasado la Prefectura secuestró en unas cabañas del Tigre y en una casa del country El Centauro, en Canning, propiedad de Gabriel Fuentes, primo de Marano. Unos 800 kilos de ese total ya estaban embalados y a punto ser cargados a bordo del “Quo Vadis”.
Los fiscales Cecilia Incardona y de la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR) creen que la banda armó la logística de al menos tres grandes cargamentos de cocaína, uno por año. El último fue el del velero “Quo Vadis” y el anterior -que no pudo ser ubicado- habría salido en 2021 desde Rosario.
En la cuenta que hacen los investigadores, Thorben fue el primero, a principios de 2020.
Tanto para las autoridades españolas como para las argentinas gran parte del funcionamiento del banda se ve en el derrotero que hizo el velero Thorben y su tripulación hace dos años cuando la pandemia del coronavirus recién estaba asomando.
La historia de Thorben
La madrugada del 14 de abril de 2020 Gustavo Marano Fuentes recibió un mensaje al usuario (“messias_cuatro”) de Encrochat, una aplicación de telefonía celular muy usada por los narcos porque es casi imposible de hackear.
El texto era corto y tenía una foto adjunta que mostraba un montón de bultos en bolsas plásticas anaranjadas apiladas en lo que parecía ser una habitación. “Ahí los tiene jajajajaj… Coronamos”, decía el mensaje enviado por el usuario de Encrochat “yaky_chan”, a lo que Marano respondió con un contundente “seeeee”.
Lo que anunciaba el mensaje era la llegada al puerto de Bajadilla del velero Thorben con sus 1500 kilos de cocaína y sus cuatro argentinos a bordo. Entre ellos iba Ezequiel Zabalua, un hombre con antecedentes por tráfico de drogas en la Argentina.
Zabalua había sido condenado el 1° de septiembre de 2014 por el Tribunal Oral Federal N° 2 de San Martín a la pena de cinco años y seis meses de prisión por el delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización en calidad de autor”. Y en esa historia también había un velero.
En 2013 se le secuestraron dos maletines en los que había guardado 42 paquetes de cocaína (43,371 kilos) y que estaban a bordo de una embarcación amarrada en el Tigre Sailing Club, ubicado en la intersección del Río Luján y el Arroyo Gambado. Su destino, al menos la primera escala, era Uruguay. La droga, según constancias de la causa, tenía un 91 por ciento de pureza.
Zabalua quedó detenido junto a los otros tres argentinos del Thorben y se pudo determinar que habían salido de Salvador de Bahía dos meses antes. Ese dato llevó directamente a otros nombres, nombres que recobrarían sentido e importancia en junio pasado en la llamada “Operacion Atlantis”, que involucró al velero “Quo Vadis”.
Para empezar se determinó que cuando el Thorben estuvo en Bahía a esa misma ciudad brasileña llegaron Héctor Adrián Goñi (detenido y procesado ahora por el juez Armella) y Gustavo Enrique Fabricius.
Un detalle no menor: tanto Goñi como Fabricius, incluso el empresario Pereyra, son de Necochea y de hecho en 2020 cuando la policía española secuestró la tonelada y media de cocaína en San Pedro Alcántara, en Necochea ya existía una investigación sobre los mismos personajes abierta en 2018.
“Pereyra está preparando un cargamento de 2000 kilos de cocaína que saldrán de Tigre hacia Marbella, España. Pereyra es el número dos al mando luego de un hombre llamado Diego. Suelen salir en lanchas rápidas desde Rosario hacia altamar”, dijo un “denunciante anónimo”, figura que en general esconde algún buchón policial.
El “Diego” de la denuncia no sería otro que Diego Marano Fuentes y la mención de Rosario remite al segundo cargamento de la banda que, según los cálculos de los fiscales, partió a España en 2021 y no se pudo detectar.
Si se toma el valor histórico de que un kilo de cocaína puesto en España vale 40 mil dólares y ese mismo kilo se compra a 5 mil dólares en Tartagal (Salta) la banda de los veleros habría colocado en apenas tres años mercadería por valor de 200 millones de dólares.
La ganancia es tan fenomenal que, en el mundo narco, bien vale cruzar un océano, o varios.

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