La reciente difusión de las cifras de pobreza del INDEC correspondientes al segundo semestre de 2025 ha generado un clima de euforia en los despachos oficiales, pero un profundo escepticismo en los centros de estudios económicos. Según el organismo, el índice de pobreza se desplomó al 28,2%, una cifra que retrotrae la situación social de la Argentina a niveles de principios de 2018.
Sin embargo, un análisis pormenorizado de la “economía real” bajo el signo de la presidencia de Javier Milei revela una brecha técnica que pone en duda la veracidad de este “milagro” social. Una tesis que diversos especialistas y actores políticos sostienen con cada vez más firmeza.
El informe “Semana Económica” del Banco Provincia advierte sobre un fenómeno inusual: el divorcio absoluto entre la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y los registros administrativos de ingresos. Mientras la encuesta —que se basa en lo que la gente declara— muestra una recuperación vigorosa, los datos duros de los salarios que efectivamente se pagan y los aportes a la seguridad social cuentan una historia de estancamiento y pérdida.
El punto más crítico de esta contradicción radica en el poder adquisitivo de los trabajadores. Para que la pobreza haya regresado a los niveles de 2018, los salarios reales deberían haber recuperado casi todo lo perdido en los últimos seis años. No obstante, el propio Índice de Salarios (IS) del INDEC desmiente esta premisa: para el sector privado formal, los ingresos reales están hoy un 12,1% por debajo de la media de 2018.
La disparidad en el sector público es todavía más escandalosa. Según los registros administrativos, los estatales perdieron un 16,3% de su poder de compra respecto a 2023. Sorprendentemente, para la encuesta de pobreza, ese mismo grupo de trabajadores habría “ganado” un 1% en términos reales. Si a esto se suma que las jubilaciones mínimas —incluyendo bonos— arrastran una caída real del 28% frente al periodo 2016-2017, resulta matemáticamente inexplicable que los hogares integrados por adultos mayores hayan escapado de la pobreza de la forma en que lo sugiere el índice nacional.
Esta inconsistencia estadística nacional choca de frente con la realidad territorial que se vive en la Provincia de Buenos Aires. Según datos relevados por Infocielo, la región del Gran La Plata se ha convertido en el espejo que devuelve una imagen mucho más cruda. En la capital provincial y sus alrededores, la pobreza no siguió la tendencia a la baja del promedio nacional, sino que mostró una preocupante resistencia, ubicándose en el 31,5%.
Esta cifra, que afecta a casi 300 mil platenses, refleja la debilidad del mercado laboral en los grandes centros urbanos. Mientras el Gobierno nacional celebra un promedio que incluye zonas menos castigadas, en el Conurbano y el Gran La Plata la suba del costo de vida y la precariedad de los ingresos informales mantienen la presión social al límite. El contraste es evidente: mientras el país supuestamente “mejora”, en la capital bonaerense hay más familias que no llegan a cubrir la canasta básica.
El informe del Banco Provincia introduce una hipótesis técnica para explicar este fenómeno: un posible cambio en el comportamiento de la encuesta. A fines de 2023, el INDEC implementó un cuestionario más detallado que indaga con mayor precisión sobre ingresos no laborales, como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar.
“Los números provistos por la EPH no se condicen con los demás registros”, sentencia el informe. Al captar mejor estos subsidios —que el gobierno de Milei aumentó nominalmente para compensar el ajuste—, la encuesta podría estar “inflando” el ingreso total de los hogares más humildes, haciendo que crucen la línea de pobreza en los papeles, aunque su calidad de vida y su consumo sigan deteriorados.
Finalmente, el Producto Bruto Interno (PBI) aporta el dato definitivo de la economía real. El PBI per cápita de 2025 es un 4,5% inferior al promedio de 2016-2017. En términos económicos, es prácticamente imposible que un país que produce menos riqueza por habitante y paga salarios reales un 12% más bajos tenga la misma pobreza que cuando era más rico y los sueldos eran más altos. Por ahora, la mejora de la pobreza parece ser un éxito de la estadística oficial antes que un alivio en las mesas de los argentinos.