A pesar de haber reducido al mínimo su exposición pública, Sergio Massa está activo y junto a su Frente Renovador mantiene su cuota parte en el delicado equilibrio de fuerzas que por ahora ata y tensiona al peronismo, especialmente en la Provincia de Buenos Aires. El espacio que conduce participa activamente en los debates que tienen como fin recuperar el poder en 2027 y llegó a postularlo como posible relevo de Axel Kicillof.
Al hombre de Tigre esa posibilidad no parece entusiasmarlo tanto como volver a pelear la presidencia de la Nación en algún momento. “Tengo 53 años, tengo tiempo”, le responde a los que lo apuran. A diferencia de su carrera personal, Massa muestra algún apremio a la hora de impulsar una suerte de amnistía que permita el regreso de viejos exiliados.
En ese sentido parece sintonizar con las actitudes de dirigentes como Miguel Ángel Pichetto o Emilio Monzó que empiezan a recomponer imagen y diálogo con quienes supieron antagonizar hace no tanto tiempo. La clave para que esos intentos se transformen en acuerdos sustentables parece pasar por la elaboración de reglas claras de convivencia y competencia.
“Cualquiera puede venir al peronismo y ganarse su lugar”, sostiene, sin dramatizar cómo sería poner cara a cara a viejos rivales. “El Vicepresidente de Lula era uno de sus principales enemigos políticos”, plantea a modo de ejemplo.
“Hace falta una interna con reglas claras y un pacto de no agresión”, se lo escucha decir, mientras que vuelve a machacar con la idea de que la sociedad “está cansada de las peleas”. La idea de construir una línea política común, una competencia con valores encuentra su formulación en un “pacto de caballeros” y su antítesis en la sanguinaria interna que protagonizaron Aníbal Fernández y Julián Domínguez cuando compitieron por la Gobernación en 2015. “Eso no puede volver a pasar jamás”, machaca.
Si el diagnóstico hacia adentro pasa por reconstruir una identidad basada en valores y ampliar su capacidad de representación, hacia afuera la premisa es abrir el diálogo, desde el círculo rojo hasta las pymes, pasando por los trabajadores de la nueva economía vinculados a aplicaciones, robótica e inteligencia artificial.
“A todos hay que darles una alternativa porque ninguno la está pasando bien y el peronismo debe saber representarlos”, les dijo a sus más cercanos dirigentes al respecto.
Massa considera que hay un agotamiento de la figura de Javier Milei a fuerza de los malos resultados en la economía real. El Presidente, considera, “perdió la capacidad de hablarle a la sociedad, con la agenda cotidiana”. “Hay una desconexión con lo que le pasa a la gente”, insiste, señalando a la vez el límite del Gobierno y la oportunidad para la oposición.
“Para capitalizar ese escenario no alcanza con esperar errores del Gobierno. El peronismo debe construir una agenda propia, enfocada en los problemas concretos de la sociedad”, traducen los que lo frecuentan. Massa, añaden, no parece preocupado por debatir reformas políticas “que parecen hablar de cargos”, sino agendas de reformas concretas con impacto en la realidad.
En ese sentido el Frente Renovador pone en valor su propia agenda legislativa. “Vamos a impulsar proyectos en la Legislatura que hoy están algo demorados. Por ejemplo, el de la senadora Ayelén Rasquetti, que propone que las petroleras deban informar el precio de los combustibles antes de aumentarlos”, adelantan sus alfiles platenses.
El vicepresidente de la Cámara de Diputados, Alexis Guerrera, tendrá un rol clave para avanzar con esa iniciativa en lo inmediato y tiene la misión de sacar el proyecto a la brevedad. Se trata de poner en marcha los empastados engranajes de la maquinaria del peronismo, que debe estar a punto para una nueva batalla dentro de 18 meses.