Lo sucedido con Manuel Adorni podría llamarse “el Karma del archivo”: “Mientras la mitad del país es pobre, la inflación está descontrolada y hay 4M de indigentes, el Presidente viajó a los EEUU con una comitiva de 48 personas que incluye hasta un asesor para Fabiola Yáñez. Se alojarán en el Park Hyatt NY (900 USD x noche). Todo tercermundista. Fin”. Con esta contundencia, el actual Jefe de Gabinete, entonces un tuitero opositor, marcaba en 2022 una vara ética infranqueable sobre el uso de recursos públicos y la composición de las delegaciones oficiales.
Sin embargo, ahora en marzo de 2026, el ejercicio del poder parece haber diluido aquella severidad, transformándola en la máxima de “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.
La polémica estalló cuando se confirmó que su esposa, Bettina Angeletti, integró la comitiva presidencial liderada por Javier Milei en una gira por Estados Unidos. Lejos de la austeridad que predicaba, Adorni admitió que su esposa lo acompaña, justificando la decisión en una necesidad estrictamente personal: “Quería que mi mujer me acompañe” porque es su “compañera de vida”, y “me estoy deslomando por el país en Nueva York“.
El contraste con su discurso pasado es total. Si en 2022 cuestionaba la presencia de un asesor para la primera dama por considerarlo un exceso en un país con hambre, hoy justifica la presencia de su esposa alegando que él viaja a Nueva York a “deslomarse” durante cinco días y requiere su apoyo afectivo.
Aunque el funcionario asegura que Angeletti no generó gastos oficiales (afirmando que él costea su alojamiento y movilidad, y que ella incluso había comprado un pasaje de línea por US$5.345 que finalmente no utilizó), su presencia en actividades de la agenda oficial dice lo contrario.
Angeletti al final no solo compartió el vuelo presidencial, sino que además participó activamente en la agenda, como en la visita a la tumba del Rebe de Lubavitch en Queens junto al Presidente y el resto de la delegación.
Esta desdibujada frontera entre lo privado y lo público es la que ha puesto a Adorni en el centro de las críticas, enfrentando los mismos argumentos que él utilizaba para fustigar al gobierno anterior.
La reacción institucional no se hizo esperar. El diputado nacional Esteban Paulón presentó un pedido de informes exigiendo el manifiesto de vuelo del Tango 01 para determinar las responsabilidades legales de este traslado. Paulón advirtió que, de confirmarse irregularidades, el Jefe de Gabinete deberá dar explicaciones ante la Justicia.
La respuesta de Adorni, lejos de cualquier autocrítica o recordatorio de sus días de tuitero austero, fue un desafiante “Que lo denuncien”.
Este episodio marca un punto de quiebre en el relato oficial: el archivo está demostrando que los privilegios “tercermundistas” que Adorni denunciaba en 2022 se convirtieron, en 2026, en beneficios familiares justificados por el “sacrificio” del cargo.
El karma del poder llegó para quedarse, recordándole al funcionario que la coherencia es el recurso más escaso en la gestión pública.