Por: Ecos Diarios
Héctor Ismael Llarías nació en 1951 en Necochea. Cursó la primaria en la Escuela Nº 4 y el secundario en el Colegio Nacional. Más tarde se trasladó a La Plata para estudiar abogacía, etapa que define con ironía: “fui un mal estudiante de abogacía”. Su historia personal, atravesada por la militancia, se gestó en un hogar donde convivían miradas políticas distintas. “En mi casa, como en todos los hogares de la Argentina, estaban los dos ‘ismos’ que históricamente vivió el país: peronismo y radicalismo”, recordó.
Militó en la JP en Necochea y luego en la Juventud Universitaria Peronista en La Plata. Fue funcionario en la gestión de Domingo “Coco” Taraborelli y concejal durante el gobierno de Julio Municoy, ambos reelegidos. “Eso demuestra que es posible ganar en una ciudad que no es peronista si ofrecés propuestas que atraigan a la gente”, sostuvo.
En diálogo con Ecos Diarios, Llarías centró su análisis en la ciudad y en las oportunidades que, a su entender, se han desaprovechado.
Una ciudad sin concepto integral
“No puedo aislar mi visión de la ciudad del contexto nacional”, aclaró de entrada. Consideró que el escenario económico actual condiciona cualquier planificación local y señaló que hoy “es muy difícil progresar porque el país no crece, desaparecen fábricas y se paraliza la obra pública”.
Aun así, afirmó que Necochea “se ha mantenido y mejorado un poco a pesar de esto”. Valoró que la administración de Arturo Rojas “ha captado el pensamiento general y ha hecho obras”, aunque remarcó una fuerte limitación estructural: “el 90% del presupuesto se gasta en salud, salarios y basura. Administrativamente ha sido perfecto en un contexto sin ayuda nacional”.
Desde su mirada, el principal déficit es la ausencia de planificación urbana sostenida. “Necochea ha crecido en sectores, pero el centro no crece. Hay corrientes migratorias internas hacia la playa, el parque y ahora hacia la costa de Quequén, que ha tenido un crecimiento increíble por la inversión privada. Sin embargo, no se ha logrado un concepto integral de ciudad”.
Para Llarías, la decadencia comenzó a fines de los años 70. “La decadencia empezó tras los años 78 o 79, cuando el balneario era espectacular y había mucha plata”, señaló, aludiendo a una etapa de mayor dinamismo turístico y comercial.
El Casino y las decisiones pendientes
Uno de los puntos más sensibles es el futuro del Complejo Casino. Llarías fue categórico: “Estoy a favor de que se venda porque es un ‘agujero negro’ que la municipalidad no puede resolver”.
Recordó que incluso hubo una oferta millonaria que no prosperó por una medida judicial y cuestionó lo que definió como un clima de negatividad permanente. “Hay mucha negatividad en Necochea que impide el progreso”.
A su entender, la ciudad “pierde muchas oportunidades” por falta de consensos. “Necesitamos esa plata para obras fundamentales como la planta de efluentes cloacales, la cual este gobierno nacional mandó al freezer”, afirmó.
En esa línea, insistió en la necesidad de un acuerdo amplio: “Falta un acuerdo social y planificación urbana. La ciudad tiene condiciones óptimas, pero falta que nos pongamos de acuerdo”.
Oportunidades que no fueron
Llarías recordó gestiones para atraer inversiones que finalmente no se concretaron. “Una vez trabajamos para que viniera McCain a Necochea, pero eligieron Balcarce porque el paisaje les recordaba a su fábrica original en Canadá. A veces las empresas deciden por esos motivos y no por los cuentos que se dicen”, explicó.
Para el dirigente, esa experiencia demuestra que no todo responde a especulaciones políticas, aunque sí remarca la necesidad de generar condiciones estables y previsibles.
También advirtió sobre el clima de confrontación que atraviesa al país y su impacto en el plano local. “Actualmente ha vuelto la dicotomía peronismo-antiperonismo, y un país así no puede avanzar”, reflexionó.
Pensar la Necochea que viene
Más allá de su trayectoria y de sus definiciones ideológicas, Llarías volvió una y otra vez sobre la idea de proyecto común. “Perdemos muchas oportunidades”, repitió, y subrayó que el desafío no es solo económico sino cultural y político.
Desde su perspectiva, Necochea necesita superar miradas parciales y avanzar hacia una planificación consensuada que ordene el crecimiento, resuelva deudas estructurales y aproveche sus ventajas comparativas.
“Necochea tiene todo”, sostuvo. Pero para que ese potencial se transforme en desarrollo real, insistió, “hace falta un acuerdo social”.