Carlos Agustín Romo Ortega, diputado provincial de La Libertad Avanza y —en los papeles— jefe de la bancada que cumplirá 30 años el próximo 18 de julio, es el fiel exponente de cómo se dividió el mundo con la explosión de las redes sociales. En estos tiempos, lo real y lo virtual conviven con una mezcla casi idéntica de ingredientes, aunque en el segundo caso la verdad y el respeto no sean valores abundantes.
Referenciado con Santiago Caputo, el asesor todoterreno del presidente Javier Milei, Romo hace gala de una nueva forma de hacer política en un terreno en el que se mueve con soltura, pero con mala educación y agresividad. Sin embargo, cuando la realidad lo interpela, hace agua. Veamos.
Si se analiza su desempeño como diputado —cargo al que llegó por el voto de los bonaerenses en 2023 por la Séptima sección electoral—, el aporte desde la Cámara Baja es casi nulo. Desde diciembre de 2023, Romo presentó 18 proyectos de ley en 781 días, lo que equivale a 0,023 proyectos por día de trabajo, es decir, un proyecto cada 43 días. Sus posteos en redes superan por miles a ese número.
Entre las iniciativas más destacadas, intentó impulsar que los afiliados del IOMA puedan elegir prestadores; cercenar el derecho a huelga de docentes y auxiliares; impedir que los empleados provinciales cobren a través del Banco Provincia; dejar sin efecto la aplicación de la ley nacional 27.610 de interrupción voluntaria del embarazo y habilitar el uso de armas eléctricas en las fuerzas provinciales, entre otros proyectos presentados entre 2024 y 2025.
En una muestra de desorientación política, presentó dos proyectos distintos sobre las PASO: primero propuso eliminarlas, sin éxito; luego intentó suspenderlas, tampoco logró el quórum necesario. Las Primarias fueron suspendidas finalmente por un proyecto del diputado massista Rubén Eslaiman.
Ninguna de estas iniciativas tuvo el impulso necesario para ser aprobada, menos cuando quiso convocar en soledad para aprobar la Impositiva en marzo del 2025. Falló por partida doble. Al consultar los motivos, aparecen razones diversas, aunque una se repite. “Cada cosa que presenta este chico es un gran homenaje a otros proyectos: o se copia o se nota a la legua que está hecho con inteligencia artificial. Tiene muchos errores. Se lo dijimos, pero no aprende”, sintetizó un histórico trabajador de la Legislatura que asesora a varios diputados y diputadas.
Como pez en el agua, Romo en Twitter es un hábil confrontador, algo que no trasladó al recinto en estos dos años. Jamás confrontó discursivamente con legisladores que cuestionaron las políticas del presidente Javier Milei, a su hermana Karina Milei o a funcionarios nacionales. Para presentar algunos de los pocos proyectos de su autoría, apeló a la lectura de discursos escritos, una práctica prohibida por el reglamento, aunque el tuitero ignoró las advertencias.
Distinto es el escenario en redes sociales, donde los “guapos del teclado” despliegan valentía sin consecuencias. Con el respaldo de trolls anónimos, la defensa de una causa se reduce al insulto y la descalificación, sin confrontación de ideas.
Un repaso por su actividad digital muestra que su agenda no pasa por la defensa del vecino bonaerense. Está completamente enfocada en la política nacional, en retuitear a Donald Trump, amplificar descalificaciones libertarias e incluso insultar a un país vecino como Uruguay.