El secretario de Transporte de la Nación, Luis Pierrini, presentó su renuncia al cargo “por motivos personales“. Así lo informó ayer el Gobierno Nacional a través de un comunicado oficial. Su sucesor agarra una papa caliente.
Pierrini había llegado al cargo tras la dimisión de Franco Mogetta en mayo del año pasado. Ayer, 8 meses después, dio por finalizada su gestión y el Gobierno Nacional de Javier Milei debe designar al tercer Secretario de Transporte en lo que va de su gestión.
Según se informó oficialmente, el nuevo titular del área será Fernando Herrmann. Se trata de un arquitecto, egresado de la Universidad de Belgrano, que fue docente universitario y tiene un master en administración de empresas. “Cuenta con una sólida trayectoria profesional vinculada al desarrollo de obras de infraestructura y a la gestión del sector”, destacaron desde el Gobierno Nacional.
Más allá del relato oficial, Pierrini se va en medio de las negociaciones del Gobierno Nacional con las empresas de colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) por el precio del boleto y los subsidios para compensar las tarifas. De hecho, este jueves se publicó la Resolución 6/26 de la Secretaría de Transporte, quizás la última normativa firmada por Pierrini, aprobando una nueva metodología para calcular los costos teóricos de las tarifas.
Se trata de un tema fundamental para las empresas que controlan las líneas sobre todo en este momento en el que los choferes representados por la Unión Tranviarios Automotor (UTA) están reclamando mejores salarios.
El gremio liderado por Roberto Fernández también pide transparencia en el reparto de esos subsidios y hay rumores de que la salida de Pierrini está vinculada a la opacidad con la que se administran esos fondos. Según La Política Online, el ya exfuncionario fue despedido por el ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, por avalar un fraude de 3 mil millones de pesos con la tarjeta SUBE hecho por la empresa de colectivos La Nueva Metropol.
Por fuera del transporte automotor, Herrmann también deberá lidiar con aerolíneas comerciales que no funcionan y una infraestructura ferroviaria colapsada.