La postal que dejó este lunes la peatonal de Mar del Plata fue tan elocuente como preocupante. Una mujer mayor cayó dentro de uno de los múltiples pozos que tiene el deck de madera del paseo céntrico, sufrió golpes y debió ser trasladada al hospital. El episodio, registrado en video y difundido en redes sociales, expuso una escena que ya no sorprende a vecinos ni comerciantes: maderas rotas, tablas flojas y cráteres que convierten al principal corredor peatonal de la ciudad en una verdadera trampa.
Pero el color del hecho sumó un capítulo casi absurdo. En una segunda grabación, se observa como la ambulancia del propio sistema de salud municipal, que acudió a asistir a la mujer herida, quedó con una de sus ruedas varadas dentro de otra rotura del deck. A pocos metros, un banco urbano aparece inclinado, con una de sus patas hundida en un agujero del piso. La imagen es clara: no se trata de un desperfecto aislado, sino de un espacio en estado de abandono total.
Desde hace meses, vecinos y comerciantes vienen denunciado el deterioro de la peatonal. Lo hacen con notas, reclamos informales y ahora también con pruebas audiovisuales. La inseguridad, advierten, no es solo el delito: también es caminar por el centro sin saber si se va a terminar en una guardia médica.
El trasfondo político no pasa desapercibido. Mientras Mar del Plata acumula reclamos por falta de mantenimiento básico, el intendente Guillermo Montenegro se encuentra de licencia, ocupado en su nuevo rol como legislador bonaerense, banca a la que accedió tras abandonar el PRO y postularse por La Libertad Avanza.
En ese vacío de gestión aparece el nombre de Agustín Neme, hombre del PRO, principal referente local del espacio, a quienes los vecinos apuntan directamente. No como un gesto caprichoso, sino como señal de una responsabilidad política concreta: alguien gobierna, alguien decide, alguien debe dar respuestas.
La peatonal es la vidriera de Mar del Plata. Es el primer recorrido de turistas, jubilados, familias y trabajadores. Hoy, lejos de mostrar una ciudad cuidada, expone desidia, desinterés y una gestión más preocupada por las roscas y los cargos que por lo básico. Porque cuando hasta una ambulancia queda atrapada en un pozo, el problema ya no es solo urbano: es político.