El cordobés Juan Domingo «Martillo» Roldán fue uno los boxeadores más atractivos que consumió nuestro país en los últimos cincuenta años. Representó a un personaje sencillo, extremadamente simple, potenciado en el ring, su escenario natural, por una seductora e impactante potencia física. Roldán, de 63 años y tres veces retador al título mundial mediano, murió en el Hospital «J. B. Iturraspe» de San Francisco, Córdoba. Contagiado de coronavirus desde hace unos días, presentó una insuficiencia respiratoria y había sido hospitalizado.
«Martillo» fue un gran exponente de la cultura gringa del campo del sur cordobés. Nació el 6 de marzo de 1957 en Freyre. Siempre orgulloso de ser portador de tales hábitos, aplicó tecnicismos de doma, yerra, capadas y domadas para convertirse en uno de los noqueadores más temidos del boxeo latinoamericano de los tiempos modernos.
De voz cascada, casi baja, bien hablado, cabeza grande, un tremendo desarrollo en la caja torácica, cintura, cola chica y piernas afinadas, tenía el prototipo de cuerpo ideal para rotarlo de un sector a otro y sacar sus ganchos y cross con destino de KO. Durante toda su carrera pesó 72.500 y ello le dio equilibrio y sostén en una carrera profesional que se llevó a cabo entre 1978 y 1988, con 75 combates. 67 ganados (45 KO), 5 perdidos, 2 empates y uno sin decisión.
Roldán recibió tratamiento con plasma pero no reaccionó positivamente. Su exceso de peso lo complicaba desde hacía años, incluso tenía inconvenientes para hablar por la falta de aire.

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