Había una vez un enorme ser humano, que a pesar de su modestia igual se distinguía.
Dedicado al comercio, según sus clientes y proveedores se destacaba por su honestidad.
En el trato diario sorprendió su educación y sus correctos modales, tanto con amistades como con conocidos, colegas o nuevos allegados.
En el Turismo Carretera, donde él competía y en el cual era una figura excepcional y gran campeón, fue admirado por compañeros y rivales, colaborando con unos y respetando a los otros. Y la misma actitud repetía con seguidores propios o simpatizantes de sus adversarios deportivos.
Algunos, muy pocos, sabían de su ayuda y generosidad para con los necesitados, fueran personas o instituciones, siempre llevándola a cabo con la mayor reserva.
Un 22 de noviembre de 1992 su gran pasión lo hizo inmortal. Pero siempre estará con nosotros. Inolvidable: Roberto José Mouras.

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