9 de mayo de 1967, una mujer de 51 años se convirtió en la primera persona de la historia sometida a una operación de bypass aortocoronario programada.
Al frente de esta cirugía que revolucionaría la cardiología mundial estaba un cirujano argentino: el doctor René Favaloro. Cuarenta años más tarde, la técnica sigue vigente: sólo en los Estados Unidos se realizan unos 800.000 bypasses por año, y diversos estudios científicos muestran que es efectiva.
Comparan la cirugía con la angioplastia
«En la época en que se desarrolló el bypass, lo único que había para la angina de pecho (el dolor que sentían los pacientes) o la secuela del infarto (falta de aire) era la nitroglicerina, un muy buen vasodilatador que todavía se sigue usando -cuenta el doctor Roberto Favaloro, también cirujano-. Ni siquiera se había descubierto el efecto antiagregante de la aspirina para prevenir el infarto.»
La angina de pecho fue descripta a fines del siglo XVIII y desde entonces se ensayaron todo tipo de remedios. «Por ejemplo, se empleó la «simpatectomía cervical» [resección del nervio simpático], la ablación de la glándula tiroidea, y el «pulido» del corazón y el pericardio para que se formen pequeños canales que abastezcan de sangre al corazón -cuenta Favaloro-. En 1959, Mason Sones hizo la primera cinecoronariografía que permitió ver qué pasaba con la enfermedad coronaria.»
La técnica que lo precedió
Antes del bypass, los cardiólogos recurrían a una técnica que conectaba la arteria aorta y el músculo cardíaco utilizando un conducto natural (la vena safena) del propio paciente. Favaloro decidió unir la vena safena con el extremo más distante de la arteria coronaria obstruida «saltando» la obstrucción. Y resultó.
Hoy día la importancia de esta cirugía es ampliamente aceptada. En las décadas del 60, 70 y 80, cuando no había posibilidades de acceder a fármacos muy efectivos ni a la técnica de la angioplastia (ver recuadro), no sólo revirtió la alta tasa de mortalidad que se registraba hasta ese momento en pacientes coronarios, sino que además mejoró su calidad de vida. Pero más allá de las disputas por la autoría de la primera intervención, que reclamaron más tarde Garrett y equipo, de Houston, esta cirugía generó todo tipo de controversias.
«Empezó a emplearse rápidamente, pero se discutía porque era muy caro, que no iba a durar… -dice Favaloro-. Sin embargo, tres grandes estudios permitieron concluir, a principios de 1990, que la cirugía de bypass es útil. En 1994, un editorial de The Lancet afirmó que la cirugía beneficia a los pacientes que tienen enfermedad coronaria difusa en más de un vaso.»
El corazón está irrigado por dos arterias: la coronaria izquierda y la derecha. Cuando la lesión es cercana al origen, el territorio en riesgo es mayor. Hay que prevenir la insuficiencia cardíaca o la muerte súbita producto de la obstrucción. Existen dos posibilidades: angioplastia o cirugía. Pero para eso se requiere que las arterias sean aceptables.
«La cirugía es más invasiva, pero tiene la ventaja de que como hay que abrir podemos llegar a arterias más lejanas -dice Favaloro-. En cambio, en la angioplastia, como va por vía endoluminal, si la obstrucción es muy larga hay problemas. En un registro de la ciudad de Nueva York, por ejemplo, la sobrevida con cirugía en enfermedad de tres vasos es mucho mejor que con angioplastia (intervención mínimamente invasiva para «destapar» las arterias). Y lo más importante es que la tasa de reintervención es menor.»

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